El USAT-1, construido en la Universidad Nacional de La Plata, despegará este jueves desde California a bordo de un Falcon 9. La misión permitirá ensayar tecnología nacional y realizar mediciones sobre la atmósfera, el suelo y la vegetación.
Argentina sumará este jueves una nueva experiencia de desarrollo tecnológico espacial con el lanzamiento del USAT-1, un nanosatélite construido por docentes, investigadores, becarios y estudiantes de la Universidad Nacional de La Plata.
El dispositivo viajará al espacio a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX como parte de la misión Transporter-18, cuyo despegue desde California está previsto para las 15.18, hora argentina.
El satélite fue desarrollado en el Centro Tecnológico Aeroespacial de la UNLP y contó con la participación del grupo de Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones.
El USAT-1 pertenece a la categoría CubeSat 3U y mide aproximadamente 10 centímetros de ancho por 34 centímetros de alto, con un peso cercano a los tres kilos.
Aunque sus dimensiones son reducidas, el proyecto demandó varios años de trabajo. Su desarrollo comenzó en 2021 e incluyó etapas de diseño, construcción y ensayos para verificar su resistencia a las condiciones propias de un lanzamiento espacial.
Uno de los principales componentes que será probado en órbita es un receptor de señales de navegación satelital desarrollado por el propio equipo universitario.
Además de permitir conocer la posición del USAT-1, ese sistema será utilizado para obtener información científica.
Mediante técnicas de radioocultación se buscará estudiar cómo las señales atraviesan las distintas capas de la atmósfera y obtener datos relacionados con temperatura, presión y humedad.
La misión también contempla experimentos de reflectometría, basados en el análisis de señales que rebotan sobre la superficie terrestre y que pueden aportar información sobre humedad del suelo, vegetación y características del terreno.
El primer desafío, sin embargo, llegará inmediatamente después de la puesta en órbita. El equipo deberá establecer comunicación con el nanosatélite para verificar que sus sistemas superaron el lanzamiento y funcionan correctamente.
El conocimiento generado durante el desarrollo del USAT-1 ya fue aprovechado en otros proyectos espaciales argentinos, entre ellos ATENEA, realizado con participación de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales.
La iniciativa contó además con aportes de la Comisión Nacional de Energía Atómica en componentes vinculados con energía y del Instituto Argentino de Radioastronomía en los ensayos de radiofrecuencia y recepción de señales.
La misión representa así una nueva experiencia de formación y desarrollo de capacidades tecnológicas dentro del sistema científico universitario argentino, con aplicaciones potenciales en observación terrestre, telecomunicaciones y futuras misiones espaciales.
Con información de Diario El Norte.