Los clientes redujeron las cantidades, compran facturas por unidad y buscan promociones antes de elegir. El sector también enfrenta mayores costos por el aumento de las tarifas y de insumos como la harina.
La caída del consumo comenzó a modificar de manera profunda el funcionamiento de las panaderías de Jujuy, donde varios comercios redujeron su producción diaria ante la baja sostenida de las ventas. A ese escenario se suman el aumento de las tarifas y el encarecimiento de insumos esenciales, como la harina, que elevan los costos y reducen los márgenes de rentabilidad del sector.
Matías, vendedor de una panadería de San Salvador de Jujuy, estimó que las ventas disminuyeron entre un 30% y un 40% respecto del año pasado. Según explicó, el cambio se observa todos los días en la cantidad de productos que compran los clientes, que ahora priorizan los precios y llevan únicamente lo necesario para cada comida.
“Se lo ve en el día a día, constantemente, en productos que antes llevaban en una cantidad mucho mayor. Ahora se redujo a un consumo más minorista y la gente busca más los precios”, señaló el trabajador. En ese contexto, las promociones se volvieron determinantes para definir las compras y concentran buena parte del interés de los consumidores.
El vendedor indicó que la demanda de pan dejó de sostenerse con la regularidad de años anteriores. Las familias solían comprar productos como el mignon de manera cotidiana y en mayores cantidades, mientras que actualmente ajustan sus pedidos y calculan con mayor precisión cuánto necesitan consumir durante el día.
“Antes venían a buscar en cantidad. Si sobraba, no pasaba nada, se consumía al otro día o se usaba. Ahora llevan más calculado”, explicó. Algunos clientes ya no piden medio kilo o un kilo de pan, sino que indican directamente cuánto dinero pueden gastar o solicitan una cantidad exacta de unidades.
El cambio también se refleja en la compra de facturas y bizcochos, dos de los productos más afectados por la retracción. Las ventas por docena disminuyeron y los consumidores comenzaron a optar por media docena o por unidades sueltas, mientras las panaderías buscan alternativas y promociones para recuperar parte de esa demanda.
“Los bizcochos, sobre todo, se venden menos. Estamos buscando levantar otra vez esas ventas porque se ve que la gente dejó de consumirlos”, afirmó Matías. Sobre las facturas, agregó que los clientes “llevan lo justo y necesario” y dejaron de realizar compras en las cantidades que eran habituales en años anteriores.
El vendedor relató que algunas personas compran tres mignones y la cantidad exacta de fiambre para preparar un solo sándwich durante la merienda. Aunque aclaró que esa conducta no se repite en todos los casos, sostuvo que se volvió cada vez más frecuente y muestra el nivel de precisión con el que muchas familias administran sus gastos.
El Mundial 2026 generó algunos momentos de mayor actividad, especialmente durante las reuniones para compartir picadas o asados. Sin embargo, esos repuntes fueron puntuales y no alcanzaron para recuperar la estabilidad que tenían las ventas, ahora atravesadas por jornadas de fuerte movimiento y otras de demanda muy reducida.
“A veces parece que quiere volver a moverse y eso se ve en la gente, pero hay momentos de bajas y de altas. Antes el consumo era constante”, concluyó Matías. La pérdida del poder adquisitivo y el incremento de los costos de producción mantienen bajo presión a una de las actividades más tradicionales de la economía local.